Seis voces en llamas

 

Así, con estos seis versos de la silva, comienza esa llamarada de amor y poesía que es LLama de Amor viva, intento feliz de acercamiento a Dios y de encuentro con Él. En este caso cada verso de San Juan de la Cruz es comentado, a infinita distancia, por un poema, obra del autor de esta página, Fructuoso Mangas. Muchas palabras y expresiones están atrevidamente robadas al texto que Juan de la Cruz escribió para explicar y comentar cada verso.

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!.
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!.

Juan de la Cruz

1. ¡Oh llama de amor viva!

¡Oh!.
La exclamación clama
ardiendo
ante la llama
y creciendo en ruego
el alma,
en vilo,
enfrescada
en Dios,
por quien la llama
se aviva.
¡Oh llama de amor!.
¡Oh llama viva!.

Su llama te enciende
las doce llamas
de su amor.
Si en ellas ardes,
te abrasa
y te aviva
el fuego del Señor.
¡Ya eres tú,
alma,
llama viva
de Dios!.

 

2. Que tiernamente hieres

Herido
de alta y abrasada herida,
el amado huido
vuélvese
con el alma en vilo
y en juegos de amor,
entendiendo y entendido,
con sabroso deleite
siéntese tenido
por el arte y el juego del amor divino.

Que el amor es llaga
en corazón herido
y suave sabor,
enternecido;
que el Espíritu de Dios
de sus dones guarnecido
al alma enamora
a fuego vivo;
que es el amor herida
y gozo compartido,
es llaga abierta,
fruición para el sentido.
¡Tanto hiere y enternece
que no es para creído!.

3. De mi alma en el más profundo centro

El alma, en llama viva
se ve transfigurada
y pacífica y tierna,
feliz y enamorada.
Dios habita en su centro
y en Él está centrada,
herida, ardiente y pura,
como el oro probada.

El Padre de las lumbres
con mano no abreviada
le da el abrazo abisal,
¡dulzura regalada!.
Tal se enfervora el fuego
en ella así incendiada,
que toda su memoria
queda de Dios colmada.
Dios, obrero de todo,
¡el alma no hace nada!-
hasta la cima en brazos
la lleva bien llevada.
Es fiesta del Espíritu
en noche iluminada
y cuando el alba llega
¡sólo hay llamaradas!.

4. Pues ya no eres esquiva

Ya no te afliges, alma, ni fatigas
en esta dulce unión,
como antes cuando andabas distraída;
toda purgada y pura
por sabia, alta y dura medicina,
ardes de extremada luz,
amplísima, inmensa y divina.
Herida ya en tu centro
por la llama que antes era esquiva
te haces ahora dócil,
al divino amor desde hoy convertida.

Terminó la prueba, acabó la huida
y sin reserva alguna
se siente ella a Él tiernamente unida.
Es la hora del encuentro
después de tal distancia recorrida
lo que era noche oscura
ahora es pleno y claro mediodía.
Tras áspero camino
llega ya al dintel que ella apetecía
y a la puerta de Dios
se siente transformada y redimida.

Ahí está ya el Amado,
basta un solo paso y doblar la esquina.

5. Acaba ya si quieres

Oh Dios, suave y amado don,
sin pesadumbre ni aprieto
deleite y anchura espero:
¡sólo eso a pedir acierto!.

Tanto y tan subido fuego
de gloria es la meta y el puerto,
que ya nada calma el ansia
sino Tú, amor vivo y cierto,

Acaba, Espíritu, tu obra
y a mí acude ya presto:
tengo tanto de gemido
que sin ti me siento muerto.

Mi voluntad es la tuya,
a escuchar tu voz me apresto
y a tu puerta esperando estoy
que el paso quede abierto.

Cuando Tú quieras, mi Señor,
que por gloria a Ti me atengo,
de Ti la visión ansío,
más y más juntura espero.

Acaba ya si quieres Tú
con esta herida, te ruego,
que en ella mi alma se me arde
en subido y suave afecto.

6. Rompe la tela de este dulce encuentro

Libre ya de las viejas ataduras
para volar me nacieron las alas
y he querido volar libre y tan alto,
que ya sólo vivo la insaciable ansia
de un encuentro perfecto y final
como cuando hacia el mar corren las aguas.

Así llego, mi Dios, hoy a tu puerta,
¡río del alma que en el mar acaba!-;
después de la longura de los días,
sólo esta tela sutil y delgada,
que puede romper tu dedo divino,
a mi alma ansiosa de Ti la separa.

Se retrasa el dulce y sabroso encuentro,
a pesar del ansia que del alma mana.
Pero el amor ya no admite la espera
ni destejer esa tela con calma
y con deseo de ser desatada,
pide a Dios que acorte ya lo que falta.

Todo cambia y lo que era tanto y todo
ya apenas si es nada de nada,
pues sólo Dios es tanto y todo,
ya sólo Él es hartura acabada,
sin término ni fin ni apretura,
con plenitud, sin velo y sin traba.

Así en su vida flaca, clama el alma
con deseo de verse desatada.