Diecinueve veces NO

El hombre, desde sus miedos o desde sus intereses, le ha ido añadiendo al rostro de Dios rasgos que no siempre han estado de acuerdo con el perfil de su rostro: son rasgos falsos.

Y es bueno para Dios, y para nosotros, que los recordemos de vez en cuando para negarlos.

   
NO a un Dios que sea enemigo del hombre

NO a un Dios que sea remedo del hombre

NO a un Dios que sea enemigo de la materia

NO a un Dios que ea incapaz de reír y sonreír

NO a un Dios que ame el dolor y la desgracia

NO a un Dios que se distancie de las alegrías humanas

NO a un Dios que se imponga a base de temor

NO a un Dios que mantenga sospechas sobre la razón del hombre

NO a un Dios que se ponga nervioso ante la sexualidad humana

NO a un Dios que se haga monopolio de alguien

NO a un Dios que se quede con los filósofos

NO a un Dios que rechace un sitio en las fiestas humanas

NO a un Dios que se tape los ojos ante la realidad

NO a un Dios que se tape los oídos ante el grito de los pobres

NO a un Dios que se tape la nariz ante el hedor de la injusticia

NO a un Dios que se tape la boca ante el grito de los hambrientos

NO a un Dios que se tape las manos para no mancharlas

NO a un Dios que se hace ley y se revela como norma

NO a un Dios que acomode a la injusticia y a la mentira