Cuatro parábolas

Muchas veces la parábola es el mejor acceso, aunque parezca más largo y con curva, para llegar hasta el sentido de las cosas, sobre todo si se trata de cosas importantes. Es lógico por eso que hayan sido muy utilizadas en todas las religiones para hablar de Dios y de los pasos del hombre hacia Él. Ahí están las parábolas de Buda y de Jesús, y de tantos escritores que a través de ellas han querido desvelar el misterio de Dios y los misterios del hombre.

1. DIOS Y SUS BRAZOS

Una noche me proyectaba Dios la película de mi vida. Y en el camino de la vida se veían constantemente dos pares de huellas: las mías y las de Dios. Yo estaba emocionado.

Pero me di cuenta de que a veces,
coincidiendo con los momentos más difíciles de mi vida, sólo se veían un par de huellas en el camino...

 

Me volví, sorprendido, a Dios y le dije
en tono de queja:

- Señor, me dejaste solo en los pasos más difíciles de mi camino...

Y Él me contestó:

- No, hijo; es que en esos momentos yo te
llevaba en brazos.

   
2. DIOS, TRANSCENDENTE

Las tres hormigas, amigas desde pequeñas, salieron de paseo aquella tarde.
Y en un golpe de viento se perdieron cada una acabó dando vueltas sin saber dónde estaba.
Por fin horas después se encontraron a la puerta del hormiguero, cansadas y todavía con el miedo en el cuerpo.

Pues yo he estado en un sitio terrible;
era oscuro y con unas paredes
desconocidas del todo para mí.
Era alargado, con curvas caprichosas
y movedizas, con altas hierbas que se agitaban cuando soplaba un viento impetuoso que se revolvía cada poco tiempo.

He escapado de milagro. Pues yo he estado en una llanura enorme e interminable; parecía reseca como un desierto.

Y se movía en espasmos cortos y sin saber porqué.
En cuanto pude salí corriendo. Yo me encontré en un gran socavón que parecía no tener fondo; era muy peligroso porque se movía violentamente y me lanzaba de un lado a otro con increíble fuerza.
En los lados crecían unos árboles finos, cimbreantes y duros que jamás había visto antes.
Subí como pude hasta el borde y logré escapar.

Las tres hormigas, admiradas y sin entender nada,
no sabían que habían estado las tres sobre el cuerpo de un elefante: una en la trompa, otra en la espalda y la tercera en el interior de la oreja.

 

   
3. DIOS, INVISIBLE Y A LA VISTA

El discípulo había pedido estar dos meses en soledad en la cabaña del monte.
El maestro le concedió el permiso.
Al mes el maestro subió a visitar a su discípulo.
Al verlo el discípulo se llenó de alegría y le dijo:

 

Maestro, aquí he conseguido el don de la visión.
Sólo tengo una pena: no poder aspirar el delicioso perfume de sándalo del convento.
El maestro, entristecido, miró hacia el techo
de la cabaña sostenido por olorosas vigas de sándalo...

4. DIOS, EL PADRE BUENO
Un hombre tenía dos hijos.
Y el más pequeño le dijo a su padre:
Padre, dame la parte que me toca de la hacienda.
Y el padres les repartió los bienes.
Pocos días después el hijo pequeño reunió toda su herencia y se fue a un país lejano y allí disipó sus bienes viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país...
Recapacitando se dijo:
¡Cuántos jornaleros de mi padre están hartos de pan, mientras yo me muero aquí de hambre...
Volveré a mi padre y le diré:
Padre, he pecado...
Pero el padre dijo a sus criados:
Venga, traed el mejor manto; ponedle el anillo calzadle los pies; matad el ternero cebado... y comamos y bebamos porque este hijo mío ha vuelto a la vida...