1. Dios, ¿analógico, virtual o digital?
Dios, que es digital, creó la realidad analógica por la misma razón por la que nosotros hemos creado Internet: para enredar. De vez en cuando entraba en nuestro mundo como nosotros entramos ahora en la Red y disfrutaba viendo los días y las noches y el Sol y las tormentas. Y en cada una de estas incursiones añadía alguna cosa nueva: los peces, las ranas, las serpientes, la polio, los instintos, la gripe... Todo ello sin calcular que la lógica de los átomos conduciría a la bomba atómica del mismo modo que la lógica digital conduce a la digitalina.

Dios sólo es responsable de la puesta en marcha. Lo demás se dio por añadidura y Él fue el primero en extrañarse del modo singular que eligieron los mamíferos para reproducirse o las jirafas para llegar a la copa de los árboles. Cuando fabricas un calidoscopio, tampoco hay forma de predecir todas sus combinaciones posibles.

Con la misma extrañeza con la que observaba Dios la realidad analógica, construida por Él mismo, nos asomamos nosotros ahora a la realidad virtual, hecha a nuestra imagen y semejanza. La hemos diseñado nosotros, sí, pero quién iba a imaginar que engendraría cosas tan curiosas por su cuenta. Y eso que aún estamos en el primer día de la creación como el que dice. Faltan los wap y los umts y la pantalla tridimensional y los reptiles y las aves y los Adanes y las Evas de ese mundo incipiente.

Más que una realidad hemos creado una lógica con capacidad para desarrollarse por sí misma, aunque la abandonáramos ahora mismo a su suerte. Dios tampoco necesitó crear los lunes ni los martes ni los miércoles... Desde el momento en que te inventas el domingo el resto de la semana sale de ese germen como el pollo sale del huevo fecundado con cara de haberse confundido de estación.

Ahora bien, lo interesante de todo esto es el hecho de haber abierto en nuestra dimensión un agujero por el que podríamos ver el rostro de Dios, que quizás nos observa espantado por la misma abertura. No pierdan el tiempo buscándolo en dios punto com ni en satán punto es. Se trata de un hacker más experimentado que todo eso. Sepan en todo caso que, mientras navegamos, nos observa.

Juan José Millás (EL PAÍS, 19, enero, 2001).